
Aunque la presencia en nuestra dieta de productos tan emblemáticos como el jamón ibérico se enmascaran en el genérico “carnes”, el vino brilla por su ausencia. Se cede ante las presiones de Mohamed VI de retirarlo de la definición de una dieta que fue identificada en Creta, es decir en Europa, y se ignora el enorme esfuerzo que está haciendo el sector vitivinícola para situar a nuestros caldos en clara competencia con los hasta hoy considerados primeros del mundo, aunque en relación calidad-precio ya no lo sean: los de Francia. Los beneficios del uso moderado del vino, considerado desde el principio como uno de los ingredientes genuinos la Dieta Mediterránea, se ha puesto de manifiesto en La Paradoja Francesa. La divulgación de esta información disparó las importaciones de caldos en USA, en donde siguen la “Mediterranean Diet” con mucho más interés que en España. Y aunque su práctica allí es minoritaria, está en claro crecimiento, mientras que en nuestro país desciende vertiginosamente.
¡Vamos a tener que refundar la dieta euromediterránea.!